LA ECONOMÍA

En la entregaLa Sociología y los Animales, fijamos la atención sobre el trato que se brinda a la sociología; en esta oportunidad lo hacemos con la economía.

Comencemos con las anécdotas.

Un fallecido decano de la facultad de economía de una universidad nacional de Lima, en una audiencia que concedió a un estudiante de economía de otra universidad, le preguntó, en qué universidad estudiaba; la respuesta no se hizo esperar, en tal universidad, contestó el estudiante. El decano al escuchar la respuesta y como era un tipo autosuficiente y con labia siempre peyorativa hacia los demás, la cual usaba sin distingos, espetó, ¡ahhh!, donde enseñan la economía de los violines. Ni que decir del profesor P. A. Samuelson, que le decía a uno de sus alumnos que si quería ser economista tenia que aprender muchas matemáticas, de lo contrario seria únicamente la mitad de un economista.

La otra anécdota es casi parecida, con la salvedad de que proviene de la que se supone debería tener una educación erudita y fantástica. La reina de Inglaterra, cuando no hace mucho tiempo ingresó a una prestigiosa universidad de ese país preguntó, porqué los economistas no sabían de esta crisis económica que ya tiene acogotados a todos en el mundo y en la más temblorosa y angustiante situación.

Con seguridad, este tipo de individuos, que escalan hasta lo más alto nunca leyeron a Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Hobbes, Maquiavelo,  Mostesquieu, Locke, Rousseau, Augusto Comte, Heriberto Spencer, Hegel, Marx, Spengler, Durkhein, Weber, Pareto, Spengler; y si los leyeron les entró por un oído y les salió por el otro.

La pregunta que tenemos que hacernos es, por qué lo dijeron. Muy simple. La universidad limeña donde forman ingenieros en casi todas las especialidades, también tiene un programa de formación de economistas, si bien es cierto ellos se hacen llamar “ingenieros economistas”, sabrán porqué; creen que al saber matemáticas y cuanto más aprenden es mejor. Lo que su desden académico, su arrogancia simiesca no les permite conocer es que la economía es una ciencia social y por lo tanto debe su método e enriquecimiento a todas las ciencias sociales y en menor medida a las técnicas propias de los números. Ella, la reina, no sabe que la economía no es un acto de “hada cadabra” o de algún pitoniso investigador del futuro o sea brujo, chaman, como lo quieran llamar. Sin embargo existe más de una persona que no siendo economistas sabían de lo que se venía venir; hicieron dinero a costa del resto y hoy disfrutan de su riqueza.

Según Pitirin A. Sorokin, “la economía es una ciencia generalizadora, en cuanto se trata de describir y formular las propiedades, relaciones y uniformidades que se repiten en el tiempo y en el espacio, y que son comunes, ya sea a todos los fenómenos económicos (como la ley de la oferta y la demanda o de la utilidad marginal, en economía general) o a todos los fenómenos económicos de una clase determinada (como la ley de Gresham en la economía especial de la moneda, la ley del rendimiento decreciente en la economía especial de la agricultura, etc.).”

Hasta aquí nada nuevo, más bien diríamos, es una descripción a vuelo de pájaro. Pero Sorokin afirma lo siguiente, “la economía estudia las organizaciones de negocios como variedad de la sociedad”. Esta apreciación condiciona a todos por igual, ya que desde un panadero hasta un banquero sabe y conoce el mundo donde desarrolla sus habilidades para ganar dinero, de forma especializada.

Por esta razón Sorokin considera que “el carácter especializado de la economía la obliga a postular el homo economicus, la criatura puramente económica, regida por el egoísmo económico y la razón utilitaria, la exclusión extrema de las ciencias religiosas no económicas y las convicciones morales no utilitarias, del altruismo antiegoista  y de los valores artísticos desinteresados, de las costumbre no racionales y de las pasiones irracionales. De conformidad con ello, se pretende que los fenómenos económicos se hallan enteramente desvinculados de los otros fenómenos socioculturales, libres de la acción de las fuerzas religiosas, jurídicas, políticas, artísticas o morales”. Seguramente esto lo hacia superior al decano de la facultad de economía, individuo privilegiado, un purista desmadrado.

Pónganse a pensar, antes de la crisis retenían los capitales ab; hoy téngalo por seguro que sino están quebrados, los capitales lo tienen xz. No les quepa la menor duda.

Después de todo cualquiera puede ser economista; todos conocemos lo que es la oferta y la demanda, sabemos sumar y restar y tenemos un poco de sentido común; con un poquito de información (chisme, dato, cifra o como lo quieran llamar) ya tienen la mitad del trabajo de los economistas. La otra mitad la podrían encontrar en algún pasillo de algún edificio gubernamental o tal vez a la vuelta de la esquina.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Anuncios