COMENTARIO

El 15 de abril 2010, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó la consulta del Artículo IV de Perú. Lo que venimos diciendo es que el actual gobierno cual Ave Fénix pasó de su confrontación con el FMI (1987-1990) al entendimiento real de su política liberal; al respecto en lo que se insiste es en el transbase de ideas de políticas económicas liberales a un contexto social. Claro que este es un tema para ser tratado de manera exclusiva en otra nota pero a nadie con dos dedos de frente se le puede escamotear la idea que esto es contra natura. Sino veamos porqué.

El FMI afirma que el “desempeño de Perú en la ultima década (el APRA gobierna desde el 2006 al 2011) ha sido impresionante para los estándares nacionales e internacionales (incluir las 2 anteriores publicaciones en el blog). Una base económica sólida, un marco solidó de políticas institucionales, y un sólido record de políticas macroeconómicas prudentes ayudó a reducir la vulnerabilidad, logró un crecimiento económico record, y un avance significativo en la reducción de la pobreza”.

El FMI cuando afirma sobre la impresionante performance de Perú frente a la última crisis económica financiera mundial puede acertar con su apreciación, pero deja de ver el fondo del asunto. El fondo del asunto no es lo coyuntural como es este caso, sino más bien tiene que ver, como aquí se hace, los desequilibrios estructurales de la economía peruana; no es necesario ver lo anecdótico, para eso la historia económica peruana está llena de ejemplos como lo son lo del guano de las islas, la pesca, y más recientemente la minería, el petróleo, el gas, los recursos naturales (madera), la biodiversidad, entre otros.

A diferencia del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) el FMI afirma que el crecimiento económico de la economía para el 2010 será de 6.25 (BCRP = 5%) y para el año 2011 de 6% (BCRP = 5.1%) lo que se traduce en una independencia del apoyo de otras economías. Según el FMI el balance de riesgos para el crecimiento peruano presenta tendencias al alza gracias a la dinámica de la demanda interna y los renovados flujos de capital (en minería especialmente). Pero señala que debe haber una consolidación fiscal y una mayor flexibilidad del tipo de cambio.

Al respecto la base tributaria no variará, sea por ineficiencia técnico-política o por presiones del sector productivo-financiero, con lo  cual el BCRP se ve obligado a salir al mercado de manera regular para comprar millones de dólares y con esto mantener el tipo de cambio (S/. 2.82 por dólar). Por eso el FMI dice que “un aumento gradual de la flexibilidad cambiaria podría fomentar el desarrollo de instrumentos de cobertura de divisas y reducir la dolarización”.

Lo que el FMI dejó en claro son los siguientes puntos:

1.- volver a evaluar el marco a la luz de las normas internacionales incorporando dos elementos pertinentes para el Perú;

2.- continuar fortaleciendo la supervisión macro prudencial

3.- Considerar la posibilidad de evaluación del alcance para incorporar el riesgo sistémico  en el marco reglamentario, revisar el marco de crisis, ampliar prudencialmente el marco a las instituciones financieras públicas.

El FMI hace suya una serie de indicadores económicos (2005-2011). Hacemos algún comentario a algunos de ellos. Entre los 5 indicadores sociales destaca la reducción de la pobreza (2006 = 44.5; 2008 = 36.2) dato que hasta el presente se discute su validez. Tasa de desempleo (2006 = 8.5; 2009 = 8.6) confirma lo que venimos sosteniendo que este es el talón de Aquiles del modelo económico vigente; si no disminuye el desempleo no debe de disminuir la pobreza y mucho menos en semejante proporción; esto demuestra el asistencialismo.

En cuanto a los indicadores de producción y precios, la demanda interna real (2006 = 10.3; 2009 = -2.9) es muy elocuente por sí misma. Los precios al consumidor al final del período (2006 = 1.1; 2010 = 0.2) es optimista sin lugar a dudas ya que muy poca gente tiene disponibilidad dineraria y acceso a los mercados.

El sector externo según el FMI se comportó de la siguiente manera. Las exportaciones (2006 = 37.2; 2009 = -14.7) y las importaciones (2006 = 22.9; 2009 = -26.1) denotan lo catastrófico que fue el intercambio, afectando la balanza comercial por doble partida.

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VOCES QUE DEBEN SER ESCUCHADAS

Carta abierta de Hans Küng, presidente de la Fundación Ética Global.

Joseph Ratzinger –ahora el papa Benedicto XVI– y yo fuimos los teólogos más jóvenes en el Concilio Vaticano II de 1962 a 1965. Ahora somos los mayores y los únicos que seguimos en plena actividad. Siempre entendí que mi trabajo de teólogo estaba al servicio de la Iglesia Católica Romana. Por ello, con ocasión del quinto aniversario de la elección del papa Benedicto XVI, hago este llamado en una carta abierta. Al hacerlo, estoy motivado por mi profundo interés por la Iglesia, que ahora se encuentra en la peor crisis de credibilidad desde la reforma protestante. Por favor, disculpen el formato de una carta abierta; lamentablemente, no tengo otra manera de llegar a ustedes.

Mis esperanzas y las de los católicos que esperan que el Papa encuentre su manera de promover una renovación de la Iglesia y un acercamiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II no han sido, lamentablemente, satisfechas. Su pontificado ha dejado pasar más oportunidades de las que ha tomado: se perdieron las oportunidades de acercamiento con las iglesias protestantes, de la reconciliación a largo plazo con los judíos, del diálogo con los musulmanes en una atmósfera de confianza mutua, de reconciliarse con los colonizados pueblos indígenas de América Latina y de dar asistencia al pueblo de África en su lucha contra el sida. Se perdió, también, la oportunidad de hacer que el espíritu del Concilio Vaticano II sea la brújula de toda la Iglesia Católica.

Este último punto, respetados obispos, es el más serio de todos. Una y otra vez, este Papa agregó calificativos a los textos conciliares y los interpretó contra el espíritu de los padres conciliares:

– Regresó a los obispos de la tradicionalista Sociedad de Pío X a la Iglesia sin condiciones previas;

– Promueve la medieval Misa Tridentina por todos los medios posibles;

– Rechaza poner en marcha el acercamiento con la Iglesia Anglicana, que fue presentada en documentos ecuménicos oficiales por la Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana;

– Ha reforzado de manera activa las fuerzas anticonciliares en la Iglesia, designando a funcionarios reaccionarios en puestos clave en la curia y designando obispos reaccionarios en todo el mundo.

Y, ahora, sobre estas crisis aparecen escándalos gritados al cielo: la revelación de que clérigos abusaron de miles de niños y adolescentes en todo el mundo. Para hacer las cosas peor, el manejo de estos casos dio a lugar a una crisis de liderazgo sin precedentes y al colapso de la confianza en el liderazgo de la Iglesia. Las consecuencias de la reputación de la Iglesia Católica son desastrosas. Importantes líderes del clero ya lo han admitido. Varios inocentes y comprometidos pastores y educadores están sufriendo el estigma de sospecha que ahora cubre a la Iglesia.

Ustedes, obispos, deben enfrentar la pregunta: ¿Qué le pasará a nuestra Iglesia y a sus diócesis en el futuro? No es mi intención bosquejar un nuevo programa de reforma. Solo quiero hacerles seis propuestas que, estoy seguro, son apoyadas por millones de católicos que no tienen voz en la situación actual.

No se queden callados: Haciéndolo frente a tan serios agravios, se contaminan con la culpa. Cuando crean que algunas leyes, directivas y medidas son contraproducentes, deben decirlo en público. ¡No envíe a Roma muestras de su devoción sino haga un llamado a la reforma!

Empiecen la reforma: Muchos en la Iglesia y en el episcopado se quejan de Roma, pero no hacen nada. Ya sean obispos, sacerdotes o laicos, todos pueden hacer algo para renovar la Iglesia en su propio círculo de influencia. Muchos de los grandes logros que han ocurrido en parroquias individuales y en la Iglesia en general deben su origen a la iniciativa de un individuo o de un pequeño grupo. Como obispos, deben promover y apoyar esas iniciativas, y –en especial, por la situación actual – deben responder a las justas quejas de los fieles.

Actúen en un modo colegiado: Contra la persistente oposición de la Curia, el Concilio Vaticano II decretó la colegiatura del Papa y los obispos. En la era postconciliar, sin embargo, el Papa y la Curia han ignorado este decreto. Apenas dos años después del concilio, el papa Paulo VI publicó su encíclica defendiendo la controvertida ley de celibato sin consultarles a los obispos en lo absoluto. Desde entonces, la política y el magisterio papal han seguido actuando de esa antigua e incolegiada manera. Es por ello que no deben actuar solos, sino más bien en comunidad con otros obispos y con los hombres y mujeres que constituyen la Iglesia.

La obediencia incondicional se debe solo a Dios: Aunque en su consagración episcopal tomaron un juramento de obediencia incondicional al Papa, ustedes saben que la obediencia incondicional nunca se debe a una autoridad humana; esta es solo para Dios. Por eso no deben sentirse limitados por su juramento para decir la verdad sobre la crisis actual que está enfrentando la Iglesia, sus diócesis y sus países. Presionar a las autoridades romanas con el espíritu de la fraternidad cristiana es permisible e, incluso, necesario cuando ellas fallan en cumplir con el Evangelio y su misión.

Trabajen por soluciones regionales: El Vaticano suele hacer oídos sordos a las bien fundadas demandas del episcopado, los sacerdotes y los laicos. Esta es razón suficiente para buscar sabias soluciones regionales. Como están bien al tanto, el rol del celibato –una herencia de la Edad Media– representa un problema particular delicado. En el contexto de los escándalos de abusos del clero de hoy, el celibato ha sido puesto en duda. Contra el deseo expreso de Roma, el cambio se ve apenas posible, pero esto no es razón para la resignación. Conferencias episcopales individuales pueden tomar la delantera con soluciones regionales. Sería mejor, sin embargo, buscar una solución para toda la Iglesia. Por ello:

Convoquen un concilio: Así como el logro de la reforma litúrgica, de la libertad de clero, del ecumenismo y del diálogo interreligioso necesitaron un concilio ecuménico, ahora se necesita un concilio para solucionar los problemas que se intensifican dramáticamente y que piden una reforma. En el siglo previo a la reforma protestante, el Concilio de Constanza decretó que los concilios debían efectuarse cada cinco años. Pero la curia romana logró evadir esta regla exitosamente. Por ello, depende de ustedes presionar para que se llame a un concilio o, al menos, una asamblea representativa de obispos.

Con la Iglesia en una profunda crisis, este es mi llamado, venerables obispos: pongan en uso la autoridad episcopal que fue reafirmada por el Concilio Vaticano II. En esta situación urgente, los ojos del mundo giran hacia ustedes. Innumerables personas han perdido su confianza en la Iglesia Católica. Solo reconociendo abierta y honestamente estos problemas y resolviéndolos y realizando reformas, la confianza puede ser recuperada. Con todo respeto, les pido que hagan su parte en el apostólico “sin miedo’ (Hechos 4: 29,31). Den a sus fieles signos de esperanza y estímulo y den a nuestra Iglesia la brújula para su futura dirección.

Con cálidos saludos en la comunidad de la fe cristiana,

Hans Küng

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