Economía – Finanzas Diciembre 2011

 

 

 

Han transcurrido seis meses desde que el presidente Ollanta Humala Taso gobierna el Perú, en el marco del modelo económico que fuera implantando desde hace 20 años. Durante el 2011 poco o nada ha sido corregido, lo que permite suponer que el sacrosanto modelo no tendrá cambio alguno, ni mucho menos un atisbo de justicia social.

Es cierto que el 2011 fue un año bi-partidario, por un lado con Alan García Pérez saliendo del poder y por el otro lado un Ollanta Humala Taso ingresando. Dos conglomerados políticos distintos, donde la confluencia ideológica y partidaria formaron un delta turbulento y agitado. Basta observar el teje y maneje de sus lideres, por un lado un Alan que “supo” mantener a raya a los compañeros, y un Ollanta lidiando con sus camaradas. Después de todo, ambos tenían un denominador común, gente corrupta en sus filas.

Los grandes “aciertos” se opacan con los cientos de conflictos sociales; la gran mayoría de ellos relacionados con los recursos naturales. En esta perspectiva el área rural del país queda, como hace cientos de décadas, desamparada, las actividades económicas como la agricultura a su suerte, lo mismo que las miles de familias.

Bajo este modelo no hay más problemas que resolver, salvo el de las urbes. Que si es la tasa de empleo o el nivel de inversión o la crisis mundial, todo es cuestión de privilegiar la economía urbana. Sin embargo el campesino, el agricultor, ve reducida a cero su oportunidad. Cuidado con el resurgimiento del descontento, mejor dicho con el terrorismo y el cultivo de la hoja de coca, dos elementos que sirven como válvula de escape a los desplazados.

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