La economía y los recursos naturales

Por Oscar Muñiz

La economía y los recursos naturales son dos mundos muy diferentes, el primero porque administra los recursos como es el dinero, mientras que el segundo es la oferta para su utilización directa o su transformación. La economía es el reflejo de las sociedades, desde la más primitiva hasta la modera.

Sin lugar a dudas entre la economía, tal como la conocemos, y los recursos naturales existe una incompatibilidad, debido a que cuando se trata d recursos naturales la economía tiene necesariamente que relacionarse multidisciplinariamente, y he aquí  la gran dificultad. No es raro suponer que el antagonismo entre ambas se palpe de manera simple en la conflictividad de sus planteamientos, aunque  en muchos casos se opte por el tratamiento por disciplina como es el caso de la hidrología, forestales, suelos, geología, y en general por la biología y la ingeniería.

Pero asomemos al mundo de los recursos naturales atraves de la economía. Joseph E. Stiglitz , es economista y Premio Nobel de Economía 2001; en su artículo “La Bendición de los Recursos Naturales”, plantea la siguiente interrogante: ¿Serán estos descubrimientos inesperados –se refiere a los nuevos descubrimientos de recursos naturales en países africanos– una bendición que trae consigo prosperidad y esperanza, o serán una maldición política y económica, tal como ya ha ocurrido en muchos países?

Para responder esta pregunta Stiglitz reconoce que los países ricos en recursos naturales han sido deficientes tratando de utilizarlos respecto a los países sin recursos, por lo cual crecieron lentamente y con mayores desigualdades; es enfático en que imponiendo altas tasas de impuestos a los recursos naturales no hace que los recursos naturales dejen de desaparecer, lo que vendría ser un postulado para los conservacionista. Enumera tres ingredientes económicos que permiten contrarrestar lo que él llama “la maldición de los recursos”: “Primero, los países ricos en recursos naturales tiene la tendencia a tener monedas fuertes, lo que obstaculiza otras exportaciones; Segundo, debido a que la extracción de recursos a menudo implica poca creación de puestos de trabajo, aumenta el desempleo; y tercero, la volatilidad de los precios de los recursos naturales causa que el crecimiento sea inestable. Dicha inestabilidad se ve reforzada por los bancos internacionales que se apresuran a hacer negocios en el país cuando los precios de las materias primas están altos y se apresuran a salir cuando los precios bajan (este comportamiento refleja el principio aceptado a través de los tiempos que dice que los banqueros solo prestan dinero a aquellos que no necesitan dichos préstamos)”.

El tercer punto de la maldición es el más acertado, con seguridad se puede constatar en la vida real sin necesidad de laboratorio alguno, como por ejemplo la producción de caucho en los bosques amazónicos y la sustitución de este por el sintético. Pero donde falla su apreciación es cuando afirma que los países ricos en recursos naturales no siguen estrategias de crecimiento sostenible, sabiendo que esto es más complejo de lo que él cree, pues solamente la interdependencia del mercado confirma en sentido general cuan perversa es la competencia, mucho más, cuando los precios de los recursos naturales son impuestos por factores que en la realidad no los manejan los dueños de esos recursos naturales. En lo que si acierta es cuando dice que dichos tenedores de recursos naturales si no reinvierten su riqueza proveniente de los recursos naturales en inversiones productivas, sea la que sea, se están empobreciendo.

Señala algunos antídotos para cada una de las situaciones, como por ejemplo, un tipo de cambio bajo (asunto contrario a lo que se da en el Perú actual, en donde el Banco Central Reserva del Perú, pretende mantener la cotización del dólar lo más alto posible para favorecer a los exportadores, cuando sabe que sus preferencias no son escuchadas ni tomadas en cuenta por el mercado cambiario real); un fondo de estabilización; una inversión cuidadosa de los ingresos provenientes de los recursos naturales (en el Perú nunca se tuvo en cuenta la inversión en la población, el último ejemplo es la explotación de oro en la mina Conga-Cajamarca); la prohibición sobre endeudamiento y transparencia, esto último es un hueso duro de roer en las actuales circunstancias en el Perú, pues la corrupción es la peor lacra que hoy se cosecha en todos los niveles y ámbitos de la actividad económica.

Lo grave en el Perú es no poder garantizar a la ciudadanía la recepción del total de los ingresos por el usufructo de los recursos naturales debido a la presencia del conflicto de intereses entre las empresas, por lo general extranjeras, que explotan los recursos naturales, y el país por la falta de licitaciones y/o contratos bien diseñados, competitivos y transparentes. Stiglitz se encuentra de acuerdo en que si los contratos no funcionan existe la renegociación y si esta no funciona existe la imposición de un impuesto a las ganancias extraordinarias, esto último ¿Por qué no aplicarlo e impulsarlo a los contratos del gas del sur del Perú? Al respecto Stiglitz afirma que “Los países están procediendo de esta manera a lo largo y ancho del mundo. Por supuesto que las empresas de recursos naturales responderán airadamente, recalcaran la sanidad de los contratos, y amenazaran con irse. Sin embargo, el resultado por lo general es completamente distinto. Una negociación justa puede ser la base de una mejor relación a largo plazo”. Esto es lo que se debe hacer con Conga en Cajamarca y asentamientos  mineros del sur del Perú, con el gas de Comisea en el Cusco, con el petróleo y demás recursos naturales.

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