Perú en la encrucijada

 

Muñiz&Asociados

 

 

 

 

 

 

Congreso de la Republica del Peru

Congreso de la Republica del Peru

 

 

Por Oscar Muñiz

 

Sin duda, Perú mantiene, en líneas generales, un crecimiento económico formidable, con exigua capacidad gerencial y con desigualdades administrativas muy marcadas. En líneas generales este panorama es el de una administración centralista, con graves problemas gerenciales regionales y locales. Desde el punto de vista social la cosa es más seria. Las limitaciones económicas y financieras que impone el ejecutivo, acompasa al condicionamiento que exige el organismo supra nacional que se encarga de la fiscalización no solo monetaria. En este contexto la “camisa de fuerza“y el “fórceps” económico siguen siendo las herramientas preferidas en cada periodo presupuestal.

Se vive el día a día con problemas de salud, educación sin resolver, además de los cotidianos, con problemas de seguridad y jurídico. No quepa duda que la “camisa de fuerza” cumple su función en las prioridades del gasto, mientras que el “fórceps” ayuda al nacimiento del nonato progreso, este para satisfacción de una minoría y la desilusión y rebeldía de la mayoría.

Día a día la administración central trata los problemas de manera desatinada, produciendo un ambiente preñado de desconfianza, de enconos, especialmente en los sectores políticos representados en el legislativo. El rango de los desatinos va desde un empleo inadecuado del lenguaje hasta tratar de esquivar las responsabilidades. No hay motivación para superar este lamentable espectáculo, salvo para escuchar la solicitud de repetir lo acaecido hace veintiún años, cuando tomaron la decisión de cerrar el Congreso de la República, aunque dicho acto se encuentre hoy sancionado en el Articulo 117 de la Constitución.

El actual ambiente tiene un límite, pues el sistema operacional del país no soportara mas allá del juego político que permite la ley. Poner en riesgo el crecimiento económico es demasiado para algunos, lo que para la mayoría seria un alivio, de lo que no se percatan es de que a esto se le denomina torpeza política, cuando lo que hace falta es poner a cada quien en su lugar. Lo que está por verse es ¿quien asume esta tarea? ¿Habrá alguien con el suficiente carácter moral y ético que posibilite un nuevo despertar?

De lo que nos compete, aunque esta de más decirlo, es señalar una infracción constitucional lo que es bastante grave como para preocuparse, aunque al parecer es un juego de niños para el Ejecutivo como para el Legislativo. La Constitución que rige actualmente fue aprobada en 1993 y desde aquella época el artículo correspondiente a la seguridad económica y financiera del país quedo consignada en uno de sus artículos que a la letra dice:  Art. 86.- El Banco es gobernado por un Directorio de siete miembros (1). El Poder Ejecutivo designa a cuatro, entre ellos al Presidente. El Congreso ratifica a este y elige a los tres restantes con la mayoría absoluta del número legal de sus miembros.

Todos los directores del Banco son nombrados por el periodo constitucional que corresponde al Presidente de la República. No representan a entidad ni interés particular. El Congreso puede removerlos por falta grave. En caso de remoción, los nuevos directores completan el correspondiente periodo constitucional.

Desde el inicio del la administración Humala, este Articulo no se respeta ni cumple, pues hasta la fecha, 3 (47 %) de los directores del Banco Central de Reserva del Perú no son elegidos por el poder Legislativo. El último intento abortado tras una escandalosa designación fue antes del 28 de julio del 2013, lo que provoco su dimisión. Desde luego que esta “minucia” legal no es óbice para que el ente responsable de velar por la estabilidad económica del país quede en la mas ominosa orfandad. ¿Si así puede funcionar el Banco Central porque no cambiar la legislación? Después de todo el mensaje de confianza a los órganos supra nacionales está más que justificado.

(1)     Actualmente cuenta con cuatro directores.

 

 

 

 

 

 

 

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