El pragmatismo popular en economía

 

M&A

 

 

 

 

Oscar Muñiz

 

Los indicadores económicos en la mayoría de casos no tienen asidero en el común de la gente, y muchas veces también entre entendidos, tienen que ser relacionados con ponderaciones reales. Existen definiciones de los indicadores económicos que son útiles pero son incomprensibles para la mayoría de las personas.

Otra característica de los indicadores económicos es su fuente, mejor dicho, quien o quienes los han elaborado. Es aquí donde hace su aparición la confianza del usuario para su utilización. La elaboración de estadísticas económicas es otro enigma. Su confiabilidad depende de las fuentes de donde procede la medición y estas en muchos casos es confiada a recolectores de datos con poca experiencia en el ramo. Prever es un antídoto contra el mal entendimiento de la realidad, sin estadísticas reales se generan representaciones imaginarias.

En la actualidad es muy oneroso contar con un organismo que se encargue de la recopilación de información necesaria para esta tarea, se necesitan miles de personas que estén capacitadas y articuladas por un conjunto de engranajes dispuestos a captar hasta el más mínimo cambio. Desde luego en múltiples ocasiones, el aparato procesador de datos debe hacer gala de sus amplios conocimientos para sortear escollos en beneficio de la veracidad y de la fidelidad informativa.

El proceso de recopilación de datos es fundamental, como fundamental es contar con equipos de personas que cumplan con ciertos estándares de eficiencia. No es solo la recolección de datos de manera automática, la tarea es más ardua, para producir información de calidad, y esta va desde el formato donde se asignan los valores hasta su propio diseño. De ahí que su estandarización es vital para la generación de la reclamada confiabilidad.

Gracias a las ventajas tecnológicas  se obtienen aceptables resultados, sin embargo estos no tienen cabida en lugares apartados donde se requiere una mínima condición física, cuando no en muchos casos del soporte humano indispensable para un eficiente funcionamiento. Desde luego que la tecnología irremplazable hasta el día de hoy es el lápiz y el papel, dos instrumentos que siguen teniendo vigencia por más que hayan pasado los años, y si se encuentran acompañados de un formato para la recopilación de datos lo más eficiente y seguro, el resultado será sin duda mucho más confiable.

No demos mucha importancia a los métodos de ajuste de la información o a los procesos de encuadre estadístico. El hecho relevante es que en la realidad presente poco o nada nos dice por ejemplo los decimales, salvo que estos sirvan en los mismos procesos de elaboración de los indicadores económicos, o en la etapa de ajuste de las cifras finales en donde adquieren relevancia.

En cualquier documento económico aparecen cifras decimales, pero el lector, sea este estudioso de la materia o no, poco le dice un numero decimal. La veracidad de la información no se pone en duda. En tal sentido nuestra atención se posa en los números 0.9, 0.1 y sus intermedios, cuanto más nos desplazamos de 0.9 al 0.1, menos importancia tienen el número, salvo que sea cero. A la inversa, cuando nos desplazamos de 0.1 hacia el 0.9 mayor importancia adquiere el numero. Un ejemplo que podría aclarar lo que decimos es oportuno.

Cuando se dice que la inflación alcanzo la cifra de 66.8 sabemos que el precio de un bien se incremento en más de la mitad de su precio. Otro ejemplo real. Cuando el Banco Central de Reserva del Perú puso en circulación las nuevas monedas de curso legal, acuño la moneda de 1 céntimo de Nuevo Sol. En la actividad comercial de la época existieron precios que reflejaban esa realidad y que permitían las transacciones, hasta que la experiencia popular del usuario obligo a la entidad bancaria dejar de acuñar dicha moneda y poner en práctica el “redondeo” de la cifra decimal, de tal manera que si un bien tenía un precio de 1.66 Nuevos Soles, la alternativa del cobro se ajustaba, como se hace hasta el día de hoy, en 1.65 Nuevo Sol. En la actualidad existen casos en que la moneda de 5 céntimos de Nuevo Sol es desestimada, por carecer de valor en el intercambio. Solo se acepta en el ámbito comercial las fracciones de 0.10, 0.20 y 0.50 centavos de Nuevo Sol. Los valores monetarios intermedios son ajustados al centésimo superior o inferior, dependiendo si supera o no los 0.05 centavos de Nuevo Sol.

Otra curiosidad en la estadística económica son los números negativos. En realidad, los números son una abstracción. En la estadística económica es igual. Pero los números negativos son más difíciles de imaginar en economía. El numero -5 kilos en la producción de papas solo puede ser digerida por la abstracción forzada, mas nunca por una relación real. ¿Cómo imaginar -5 kilos de papa? Es un absurdo en la economía real, solo aparece en la estadística de la económica virtual.

Otra dificultad en la económica son los años base. La inflación de un año depende de la utilización de los índices que reflejan el crecimiento de una canasta de bienes y servicios determinada. El cálculo variara según el lugar. Por esta razón, calcular la inflación tomando como referencia esta variable dará como distintos resultados. Pero si trata de ajustar estos resultados en base a un tiempo determinado, el resultado será obligatoriamente diferente. Por ejemplo, la inflación en el año 1978 fue de 66.8 considerando como año base 1973; en 1980 fue de 60.8. No significa que esta disminuyo, puesto que el dato para el año 1980 fue calculado considerando como año base el año 1979.

Al respecto, “El periodo base, es aquel que se escoge como referente y es a la vez el que se compara con el periodo dado a analizar” (Richar Levin). Mientras que “Los números índices no pueden medir, solo indican la evolución de una serie. No miden, solo describen. Se trata de un estadígrafo que no son medidas sino características numéricas descriptivas de la distribución que se estudia” (Enrique Casado).

Tanto la experiencia mencionada sobre la moneda de un céntimo, como la actualización de la inflación, guardan relación. Una es el ajuste pragmático de la sabiduría popular, la otra es el ajuste producto del análisis del comportamiento comparativo de las variables económicas. La primera de ellas siempre gana.

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