Todo lo que brilla no es oro

 

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Se habla mucho de la maravilla de la economía chilena, de los cambios producidos por ella después de una feroz dictadura (1973-1990). Se olvida que la economía no es una varita mágica, todo es producto del sacrificio de la población.

Muy pocas veces se trata el tema económico chileno sin dejar antes de mencionar sus logros, avances y proyecciones. Si no es el cobre, es la pesca; si no es la pesca es la banca, así hasta el infinito. Sin embargo cada día que pasa crecen las tensiones sociales, se agudizan los abusos de los derechos humanos (p.e. contra los mapuches), y últimamente la implantación de la represión contra un sector poblacional que exige y reclama mejor educación escolar y universitaria.

La percepción de que la economía chilena es un paraíso es producto de la propaganda, tal vez del servilismo de la clase política que fomenta el extremismo, o tal vez producto de la misma idiosincrasia del pueblo chileno que  cree haber coronado la cúspide del progreso.

Es bueno recordar que Chile con sus 17’619,708 habitantes, tiene, según la CEPAL, una tasa de pobreza del  11% y 3.1% de indigencia, aunque otras fuentes hablen de una tasa de 15.1% y 2.8% respectivamente. Téngase presente que el número de pobres en América Latina disminuyo según la CEPAL, al 10 de julio del 2010, de 164 millones a 68 millones, lo que significa que el 1’938,168 (2.85%) o 2’660,575 (3.9%) de esos 68 millones de pobre son chilenos.

Menos mal existen sectores no proclives al nacionalismo mal entendido.

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