LOS ASHANINKAS

 

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Ashaninkas

Ashaninkas

 

La nacionalidad amazónica asháninka constituye una de las poblaciones más numerosas de la selva peruana.

Los asháninkas, conocidos por los extra­ños como «campas», habitan amplias extensiones, desde la selva alta central hasta el Brasil, que se encuentran atravesadas por grandes ríos como el Perené, Pichis, Palcazu, Mantaro, Apurímac, Ene, Tambo, Urubamba, Ucayali, a excepción de la zona del Gran Pajonal, que tiene una elevación de 1500 a 2000 msnm, y que divide a los asháninkas ribere­ños de los pajonalinos.

En 1635 logran entrar los misioneros franciscanos en el territorio asháninka, específicamente en el Cerro de la Sal, lugar muy importante para los pobladores de la selva. Pero no solamente los misioneros intentaron entrar en la selva central sino también los civiles españoles en busca de oro y de mano de obra para los obrajes.

A consecuencia de estas agresiones, ya desde fines del siglo xvi se produjeron levantamientos de asháninkas, como el de Ignacio Torote, natural de Cataripanco, que pre­cedió al levantamiento del cuzqueño Juan Santos Atahualpa en 1742, a quien secundaron no sólo los asháninkas sino otros pobladores nativos.

Se dice que a principios del siglo xx todavía se les llamaba coloquialmente «chunchos», vocablo pro­veniente de la sierra que denomina a los poblado­res de la vertiente oriental de los Andes.

Los asháninkas tampoco aceptan la denominación de «campas» por considerarla peyorativa, y hasta discriminatoria, ya que con estos nombres se rela­cionan términos como «salvajes», «primitivos», «no civilizados», «miembros de una cultura con nivel bajo», etc.

La estudiosa Elsa Vílchez señala que la lengua ashá­ninka forma parte de una de las doce familias lingüísticas de la amazonia: la familia lingüística ara­wak.

Por su parte, el antropólogo Fernando Santos sostiene que los grupos étnicos que conforman esta familia lingúistica se encuentran diseminados en una vasta área que comprende desde las Antillas hasta Bolivia y el sur del Brasil, pasando por la cuenca amazónica; se piensa que estas migraciones arawak se originaron en las faldas orientales de la sierra colombiana y ecuatoriana.

Según esta teoría, oleadas de poblaciones arawak habrían comenzado a movilizarse por la amazonia entre el 3000 y el 2000 a.C.; algunos grupos remontaron el Amazonas y comenzaron a subir por el Ucayali hasta las zonas interfiuviales de sus cabe­ceras, donde se fueron asentando, no sin enfrentarse a los otros grupos ya establecidos en el área.

Al igual que sus vecinos los amueshas, los ashá­ninkas se dedican a la agricultura de subsistencia, a la caza y la pesca, y se adornan con numerosos collares y brazaletes hechos de plantas y semillas vistosas.

Entre todas las nacionalidades amazónicas, la de los asháninkas es una de las que conserva más intacta su cultura tradicional a pesar de las agre­siones externas provenientes de grupos religio­sos, de la entrada exagerada de inmigrantes andi­nos y costeños, del avance de las exploraciones petroleras y de las incursiones terroristas, que han pretendido mellar su identidad y autonomía cultural.

Se autodenominan yanesha y su población total es en la actualidad de unos 6980 miembros distribui­dos en pequeñas comunidades dispersas a lo largo de los valles de los ríos Pichis, Palcazu, y en la zona de Villa Rica. Fue uno de los primeros grupos en entrar en contacto con los españoles y se ha carac­terizado desde siempre por ser una de las etnias de mayor integración y cohesión grupal.

Esta etnia, además, está atravesando por un proce­so de revitalización de sus valores culturales tradi­cionales, siendo destacable que, a pesar del tradi­cional machismo de los pueblos amazónicos, la diferenciación de roles entre hombres y mujeres no es tan marcada en esta cultura como en otras de la zona.

Los nativos amueshas cuidan especialmente la fauna, el bosque, y todo cuanto les rodea; por ello sus caminos suelen ser sumamente angostos, pre­fieren doblar una rama con cuidado antes que eli­minarla y cazan sólo los animales que van a usar para su alimentación.

En el ámbito del departamento de Pasco  se ha esta­blecido desde 1988 la denominada Reserva Comu­nal Yanesha, que beneficia a cerca de 10 comunida­des afincadas en la provincia de Oxapampa y alre­dedores.

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Muñiz&Asociados

 

 

 

 

Oscar Muñiz

 

El 19 de enero 2015, dijimos “En Europa la crisis no solo es producto del mal manejo económico, también es producto del nuevo reordenamiento geopolítico, del cambio geopolítico de los países individuales, a conformar la política de la Unión Europea”. (El tiempo de espera se agoto).

Con esto quisimos decir que los acontecimientos actuales, por ejemplo en Ucrania, inciden en la economía no solo de Ucrania, sino también de la región, y de gran parte del mundo.

El petróleo y gas ruso es una herramienta para presionar económicamente a todo su entorno e incide, queramos o no en los planteamientos y desarrollo de los programas de la Unión Europea.

En las últimas declaraciones ofrecidas por Christine Legarde, directora gerente del FMI, ella hace referencia a la geopolítica, la cual perjudica el buen funcionamiento de las medidas del organismo que ella dirige: “Los riesgos geopolíticos se han agudizado. En Ucrania, por ejemplo, es crucial un mayor respaldo internacional, que complemente el apoyo del FMI” (Christine Legarde, Tres “misiones Rosetta” para la economía mundial en 2015).

En este sentido coincidimos con esta visión, lo cual no significa compartir sus recetas, ni mucho menos. Coincidir no significa compartir, y en este caso es más importante reconocer que los acontecimientos político-militares impactan negativamente en el universo socio-económico global. Tenemos los casos de Siria, Irak, Irán, Turquía, Corea del Norte, Nigeria, Colombia, Israel, Palestina, Egipto, Libia, Argelia… con la economía que el FMI monitorea, dirige y pretende controlar.