La deforestación en la amazonia

Oscar Muñiz C.

 

 

Cuando se generaliza sobre la amazonia se corre el riesgo de ser ligero, mucho más aun cuando se trata sobre la deforestación.

La cuenca del Amazonas es lo suficientemente amplia que abarca a varios países sudamericanos, siendo los más representativos el Perú, como país donde nace el rio Amazonas y Brasil, por su gran extensión geográfica que posee.

La experiencia técnico-científica en el caso peruano estuvo a cargo de la Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales (ONERN), entidad que cubrió su estudio integral y renovado durante treinta años (1962-1992).

Intervenir el bosque húmedo tropical como el de la cuenca del rio Amazonas en el Perú no es nada nuevo, pues hubo épocas que hasta los aventureros se forjaron su imagen personal en base a su experiencia en dicha área.

Desde que el interés por la amazonia estuvo presente en el imaginario de las personas, la agricultura fue la actividad que como punta de lanza permitió atraer la migración, la cual estuvo apadrinada sin el conocimiento debido, siendo en algunos casos un “caballo de Troya”, principalmente para las costumbres de la población andina peruana, la cual utilizo económicamente los ecosistemas y el medio ambiente  amazónico en desmedro del  mismo bosque.

Sabemos técnica y científicamente que la tasa media de deforestación en la amazonia peruana fue de 6.1 % anual, es decir 31,439 ha/año respecto al área con bosque en 1981, esto en el valle del Huallaga Central y Bajo Mayo (ONERN 1986). Sostuvo la ONERN “En cuanto a  la fertilidad se ha determinado que decrece significativamente en aquellos medios edáficos entre 1.8-2.0 veces más con respecto a los medios arcillosos, de naturaleza vertical, bajo las mismas condiciones de pendiente, entre 25-50 % y con cultivos de maíz. Es concluyente que el cultivo de maíz es altamente extractivo o “agotador del suelo”. Además, los cultivos en laderas empinadas (de vocación forestal), baja cobertura del suelo, alta carga animal, compactación del suelo y erosión hídrica principalmente compromete a la fertilidad” (Estudio Vigilancia Ecológica de la Degradación de las Tierras y Desertificación en el Perú. Monitoreo Ecológico Huallaga Central y Bajo Mayo 1989).

Esta realidad es  diferente a la brasileña. De lo que se conoce,  la deforestación regresa con fuerza en la Amazonia brasileña, impulsada básicamente por el cultivo de la soya. Tan esto es así que en el 2015 la deforestación tuvo un significativo incremento hasta llegar a las 800,000 ha (entre agosto 2015 y julio 2016). En el 2014 fueron 620,000 ha el área deforestada, lo que representa un aumento de 29 %, dato proporcionado por el Instituto Nacional de Investigaciones sobre el Espacio.

En Bolivia la deforestación también se aceleró, siendo esta unas 350,000 ha desde el 2011 (ONG Centro de Documentación e Información Bolivia). Téngase presente que anualmente en la década de 1990 la deforestación fue de 148,000 ha y durante la década del 2000 el promedio de la deforestación fue de 270,000 ha.

Actualmente la tala es a gran escala, tanto en Brasil como en Bolivia, debido a la comercialización de soya. En las áreas de la sabana brasileña, en la región el Cerredo, es donde se registra una deforestación de 130,000 ha entre el 2011 y el 2015. En Bolivia ni siquiera es respetado el acuerdo New York Declaration of Forests, el cual incluye un pacto hacia el 2020 para eliminar la deforestación en favor a  los productos agrícolas, tales como el aceite de palma, soya y productos bovinos.

Stewart Lindsay, vicepresidente de Bunge, compañía comprometida en la deforestación boliviana-brasileña sostuvo, no hace mucho tiempo, que “Una empresa por sí sola no puede resolver este asunto”. En el mismo sentido de opinión está el director ejecutivo de Cargill, Davic MacLennan, otra empresa transnacional.

La tala del bosque húmedo y la limpieza (quema) de tacones del mismo, son acciones iniciales de la intervención del hombre en el bosque, y son responsables de la generación de una décima parte de las emisiones globales que contribuyen al calentamiento global, dato proporcionado por Unión Of Comerme Scientists.

Pero lo más importante es lo que sostiene World Resources Intitute, cuando dice que solo el 15 % de las áreas con bosques en el mundo siguen intactos, el resto fue intervenido (degradado o fragmentado). Al respecto el New York Time sostiene que “Detrás de la deforestación hay una estrategia de las empresas alimentarias multinacionales para conseguir sus productos agrícolas de regiones cada vez más remotas del mundo. Estas áreas usualmente tienen protecciones legales débiles”, y por lo general la migración pobre emerge en estas zonas como ultima tabla de salvación, desarrollando actividades ilícitas.

Por lo pronto, la experiencia peruana en zonas de Selva Alta mantiene como actividad productiva el turismo, lo cual podría constituir un “freno” a la intervención del bosque con fines agrícolas. Bolivia experimenta otra situación, desde que el presidente Morales hizo una prioridad asegurando la “soberanía alimentaria”, sin poder impedir el choque  entre las autoridades legalmente instituidas, como la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra. El reto boliviano hacia el 2025 es despejar 5 millones de hectáreas forestales para convertirlas en áreas de cultivo.

El caso brasileño no es muy distinto al peruano. El Secretario de Cambio Climático y Calidad Medioambiental, Everton Lucero, sostuvo “estamos muy incomodos con las malas noticias de que hubo un aumento de la deforestación. Estamos tomando todas las medidas posibles para revertir esta situación”.

Hasta aquí el problema. Problema que comenzó siendo utilizado por pequeños grupos humanos que emergieron cuando la conquista de la Amazonia se declaró, primero por los agricultores y luego por las grandes empresas agroalimentarias como Cargill o Bunge.

Quien crea que esta situación cambiara, para bien, está totalmente equivocado. Toda la Amazonia fue intervenida por el ser humano, por desgracia sin un ápice de respeto ni conocimiento. Esto es una realidad desde cuando se constato que en la Amazonia se almacenan riquezas y secretos, aunque no conoce su devenir, y no se sabe nada de su funcionamiento. Crean o no lo crean, el destino de la Amazonia se encuentra definido. No se extrañen cuando no quede ni un árbol en pie, salvo que la conservación triunfe para bien.

 

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