Política y economía

Oscar Muñiz Corro

 

Politica y economia

Psicológicamente para algunos la vida puede vivirse entre el desgarbo y la explosión visceral, sin duda algo curioso. La ausencia de una actitud reflexiva está ausente, no es una ilusión.

Prestando atención a los últimos acontecimientos políticos, se desprende un resultado, el cual grafica la impudicia de aquellos que sabían lo que pasaba, pero no lo denunciaron. Toda la situación de inestabilidad política no se originó de la noche a la mañana, pero se prefirió callar, mirar para otro lado, en lugar de privilegiar los valores básicos de la ética social, del compromiso ético con el país y con sus semejantes.

Sabemos que el mundo de la política, como en todas partes, deja mucho que desear y, en el Perú adquiere ribetes hamponescos. Solo basta mirar a cada uno de los congresistas, a más de un ex presidente de la república o a un periodista. Por lo general, llegados a un estatus de privilegio olvidan los deberes que el cargo le impone. Hoy los temas de discusión en el Perú son entre cual será la sede óptima para la visita del Santo Padre en el mes de enero 2018, el indulto humanitario al sátrapa ex presidente Alberto Fujimori F., pero existe un silencio sepulcral desde el actual presidente de la republica hasta los últimos escalones políticos sobre el caso Odebrecht, OAS, etc., y donde la ex ministra de justicia (2016-2017) del actual gobierno hizo lo que le vino en gana y deshizo para cubrir las espaldas de más de un alto funcionario.

En economía sucede algo similar. Demos un vistazo a las cifras oficiales del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), muy especialmente a sus explicaciones.

El déficit fiscal, según el BCRP, en los últimos 12 meses ascendió a 2.9 % del PBI, como consecuencia de la reducción de los ingresos corrientes, pues este disminuyo de 18.1 % a 18.0 % (0.1 %) del PBI, pero los gastos no financieros del gobierno se sostuvieron en 19.5 % del PBI. Dato enmarcado dentro de la gestión del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. Quiere decir que en los 12 últimos meses no hubo ingresos suficientes y necesarios, aunque  se sabe que existen varios deudores de miles de millones de dólares. Lo delicado y más preocupante es, que el sector público no financiero tiene un déficit de S/ 3,750 millones a agosto 2017, el cual es mayor en S/ 1,429 millones (38 %) respecto a agosto 2016.

Téngase en cuenta que el gasto no financiero para agosto 2017 cerro en S/ 11,573 millones, habiendo sido para agosto 2016 un total de S/ 10,300 millones. El BCRP asegura que la inversión pública crece desde junio 2017, siendo la inversión del gobierno central 9.8 %, la de los gobiernos regionales 2.9 % y la de los gobiernos locales de 13.6 %, pero el déficit sigue creciendo. Alguien miente.

Por otro lado, el Índice de Precios al Consumidor de Lima Metropolitana para agosto 2017 se incrementó en 0.67 %, por el aumento delas tarifas de agua potable y el precio del limón como consecuencia del fenómeno El Niño, precio que a la fecha es de S/ 16 (US$ 4.93) por kilo. Este dato también del BCRP deja mucho para la especulación. El nivel de precios real supera con creces lo que sustenta el banco salvo error u omisión. Mejor es que visiten un súper mercado para corroborar la subida de precios hasta en 42 %.

Sin embargo la balanza comercial refleja un superávit por onceavo mes consecutivo, con un saldo positivo de las exportaciones como consecuencia de la venta de productos agropecuarios y pesqueros.

En el Perú no se vive en el mejor de los mundos pero al fin de cuentas uno no se muere de aburrimiento. En esta oportunidad las cifras escogidas podrían reflejar un país sosegado, tranquilo y con prosperidad. Sin embargo las apariencias engañan. Hay que darse una vuelta por la zona rural peruana, por los suburbios de las capitales departamentales y sin ir muy lejos por algunas urbanizaciones de clase media. Antes que finalice el siglo XX, la lacra humana estaba acotada en determinado ámbito geográfico de Lima. Hoy la metástasis delincuencial se esparció a todo el ámbito de Lima Metropolitana y sus distritos. Si este es un indicador valido para reflejar la caótica situación no se considera la insalvable brecha sociocultural entre los habitantes de las tres regiones naturales del Perú, mucho menos con problemas socio antropológicos que nunca fueron abordados en los casi doscientos años de independencia que tiene el país.

Por lo tanto los exportadores seguirán llorando su “mala” suerte y el indio peruano seguirá con su triste existencia desde la época de la conquista, hace más de cinco siglos, y comercializando su kilo de papa a US$ 0.06.

Si se habla de empleo, sus cifras son arregladas y maquilladas. Son tan insignificantes las cifras del empleo formal que ninguna esperanza se adhiere para este fin. Sin embargo se manifiesta que el desempleo en el trimestre marzo-mayo 2017 fue de 6.6 % según dato oficial, mientras que en Lima  metropolitana buscan trabajo 340,000 personas. Dice el ministro de trabajo que la población subempleada aumento en un 6.2 %, lo cual es solo una cifra más, no la realidad.

¿Que está detrás de  esta andanada de cifra? Tratemos de entender este fenómeno social mirando al mercado informal, asunto que es un fenómeno endémico en la sociedad peruana. La informalidad en algunos departamentos dan una idea de la tragedia laboral: Loreto 44.2 %, Huánuco 43.4 %, Ancash 36.1 %, La Libertad 32.6 %, Tumbes 31.2 %. Por lo tanto la informalidad en Perú supera el 70 %. Según el ministro de trabajo Alfonso Grados Carraro, la estructura del mercado de la PEA-2016, es la siguiente:

Trabajador independiente no profesional                                        34.4 %

Micro empresas con menos de 10 trabajadores                              22.5 %

Empresas familiares                                                                            10.7 %

El empleo informal entre el 2004 y 2005 fue de 88.2 %, el empleo informal entre el 2006 y 2010 fue d 86.2 % y entre el 2011 y 2016 fue de 80.0  %. Al finalizar el año 2016 el mercado laboral informal estaba en 72 %.

Según el BBVA la informalidad afecta negativamente el crecimiento económico, la productividad de los trabajadores y el bienestar social, entendiendo esto último como la dificultad de acceder al crédito, y a obtener una mejor cobertura y calidad en la previsión de bienes y servicios públicos.

Decir que la economía peruana está en auge depende donde uno se ubique.

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