El Perú de la esperanza

Oscar Muñiz Corro

 

Los peruanos desde jóvenes esperaban que las cosas cambiaran. Esto se agudizo desde aquellas épocas donde las fuerzas políticas de la izquierda, el APRA y Acción Popular proponían a su manera el progreso del Perú.

Todo era en vano, los golpes militares siempre cortaban el paso hacia condiciones maduras de gobierno y, sin mediar palabra se apoderaban del poder, en varios casos, por muchos años.

Pocos ciudadanos creían en esos militares arropados con las esperanzas de los humildes y desposeídos. Jamás creyeron en aquellos que decían una cosa y se abrazaban  con los uniformados, como tampoco creyeron en los políticos con excepcional labia.

Décadas han pasado. La izquierda no funciono, no cumplió. La izquierda decepciono convirtiéndose en un fraude. Pasaron décadas y hoy se derramo las mugre  política personificada en el APRA y los apristas. Hasta el día de hoy los apristas no se percatan que los tiempos han cambiado, y que hoy forman parte de la corrupción.

¿Qué maldita razón existió para soportar década tras década mentiras,  supuestos actos de heroísmos, o un lógico proceder político? No lo sabemos.

Lo que es evidente en estas circunstancias es que no se necesitó a la izquierda ni a la derecha, mucho menos al APRA ni a los apristas, para enrumbar al Perú. Solo se necesitó decencia y  verdad.

 

Nota: post escrito  el 02/12/2018, un día antes de conocer la decisión del gobierno uruguayo de no otorgarle el asilo diplomático a Alan García Pérez.

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Sobre caudillos

Sobre caudillos

Oscar Muñiz   Alberto Vergara, profesor del  Departamento Académico de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad del Pacifico e investigador, contribuye a lo que muchos creen y sostienen sobre la política del fujimorismo instalado en Perú desde el 28 … Sigue leyendo

China y América Latina

Oscar Muñiz Corro

 

China ampliará presencia en América Latina, dice CEPAL_255914

 

“América Latina necesita inversiones y China tiene dinero… hasta la fecha ha ayudado a financiar el desastre humanitario más grande de América Latina: la tragedia venezolana” (Shannon K. O’Neil).

En los últimos diez años China invirtió en Venezuela más de 60 mil millones de dólares, que según se afirma es el 50% de lo que China destina a América Latina y, recibe un millón de barriles de petróleo por día. Pero lo trágico para Venezuela es que cerrados los mercados internacionales para su comercio, China le perdona la deuda pero a la vez le ofrece nuevo financiamiento. El presidente Nicolás Maduro quedo más que satisfecho.

No solamente es China la que abiertamente financia a Venezuela, también se atrevió hacerlo Golman Sachs, aunque fue reprimido por comprar unos 3 mil millones de dólares de los que denominan “bonos de hambre” del gobierno venezolano.

Es sabido que la región latinoamericana se encuentra atrasada respecto a los países de la OCDE –Oriente Medio y África del Norte- ya que las naciones latinoamericanas gastan menos del 50% del PBI de lo que gastan las naciones de Asia Oriental . Al respecto, en las actuales circunstancias en que se encuentran las naciones latinoamericanas estas requerirían gastar no menos de 7 billones de dólares hasta el 2030, con el propósito de mantenerse al día.

China ingreso a la Argentina construyendo carreteras especialmente en la vía Buenos Aires-La Pampa, con una inversión de dos mil millones de dólares, financiando además el parque solar más grande de la región.

Pero no solo el gigante asiático tiene inversiones en los países mencionados, también los tuvo y los tiene en Perú, aunque en este caso las inversiones se realizaron en el campo minero y en el comercio textil. El caso más grave fue cuando Doe Ram adquirió la explotación minera de La Oroya, zona de alta contaminación ambiental a nivel mundial, dejando a los trabajadores mineros en la inopia más grande y sin sus derechos laborales desde que dejo arbitrariamente la zona.

China con su falta de transparencia, con la ausencia de respeto por las normas ambientales y los derechos humanos de los trabajadores y población en general, contribuye permanentemente a la disociación social y a la inestabilidad no solo laboral sino también política.